miércoles, 7 de mayo de 2014

Legalidad y Justicia

                                    Por Miguel Eduardo Almánzar

Desde que empezamos nuestra formación en la carrera de Derecho, u en otra área del saber, y nos interesamos por la vida política del país y las acciones que esta conlleva, es costumbre escuchar sobre el Principio de Legalidad. Este sirve como parámetro y delineante de las acciones públicas, o presenta dicha intención.  Es un principio fundamental del Derecho.

Según Henry Capitant, la palabra legalidad proviene de “legal” que significa: de la ley o que resulta de la ley, Otra acepción sería: conforme a la ley[1]. Lo legal es todo aquello que sigue los parámetros de las leyes de una sociedad. El principio de Legalidad o de Primacía de la ley, estipula que todos los actos y poderes públicos, no importa de qué autoridad emanen, deben estar apegados a la leyes de una nación y del Derecho Internacional y sus tratados o convenios, en cuanto sean ratificados por dicho Estado.

Nadie puede derogar el mismo, ya que provee de seguridad jurídica a la población y todos los afectados por actos o poderes públicos. Aunque suele ser etiquetado como parte del Derecho Público, también es aplicable al Derecho Privado, ya que es deber de todos regir tanto nuestras acciones como personas, a lo establecido por la ley.

El ordenamiento jurídico pues, sirve como estandarte y sendero para todas las actuaciones de los miembros y organismos sociales. Sobre esto debemos considerar la importancia de los principios en el Derecho. De acuerdo con Robert Alexy: “tanto las reglas como principios son normas porque ambos dicen lo que deben ser; ambos pueden ser formulados con la ayuda de las expresiones deónticas básicas del mandato, la permisión y la prohibición”. Alexy nos provee una definición más concreta al afirmar que: los principios son normas que ordenan que algo sea realizado en la mayor medida posible, dentro de las posibilidades jurídicas, reales y existentes. Son mandatos de optimización cuya medida de cumplimiento pueden ser en diferentes grados.[2]

Sin embargo, seria fútil afirmar que todas las acciones ejecutadas bajo el amparo de la ley son justas. Existe una diferencia entre Derecho y Justicia, campos que aunque relacionados contienen diferencias claras. Ejemplos tenemos de sobra en la sociedad dominicana, empero la última hazaña del Tribunal Supremo Venezolano, sirve de inspiración para el presente análisis. El pasado veinticuatro (24) de abril, dicho órgano judicial emitió un fallo en el cual se determinó que todo aquel que quiera manifestarse pacíficamente, deberá pedir permiso a los gobiernos locales. En una insólita sentencia, el Tribunal afirmó que el derecho a protestar no es absoluto y por lo tanto admite ciertas restricciones.

No asombra a nadie, que esta sentencia vea la luz en medio de las protestas contra el gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro. No extraña tampoco, que dos alcaldes opositores hayan sido destituidos y encarcelados por no haber hecho suficiente para dispersar las manifestaciones, a juico de la Alta Corte Venezolana.

No es la intención, examinar si el fallo es político o atiende a una fiel interpretación constitucional, sino ejemplificar que es de necios afirmar que lo legal es siempre justo, y por ende que el Derecho es sinónimo de Justicia. El derecho a la protesta pacífica, es uno de carácter fundamental y salvaguarda de la democracia y libre expresión. Coaccionar el mismo a procesos administrativos, es ilógico e injusto, y contraviene el espíritu de las leyes y en especial la función de estabilidad, unidad y limite del poder de la Constitución.

No obstante, la interrogante principal, es que hacer ante la violación de un derecho tan importante para la sociedad democrática, o en su defecto el quebrantamiento de la justicia. Muchos se basan en el argumento de Gandhi: “Cuando una ley es injusta, lo mejor es desobedecer” o en el famoso Montesquieu: “Una cosa no es justa por el hecho de ser ley, debe ser ley porque es justa”

¿Qué debe hacer entonces el abogado, jurista y ciudadano en general, ante una ley o disposición judicial tan enfáticamente injusta? ¿Se puede argumentar la desobediencia legal a favor de la justicia? ¿Cómo entonces definimos cuando una ley es justa y cuando no lo es? Preguntas con cierto carácter de complejidad, y aun así es necesario responderlas.

Si una ley es en efecto injusta y viola la misma unidad e intención de los preceptos en general, su motivo de existencia y el propósito del Derecho, entonces en resarcimiento del mal causado a la sociedad por su aplicación, es preciso desacatarla. No es permisible un apoyo ciego a las leyes, códigos y principios cuando su aplicación vendría a contravenir la razón misma sus existencias. El Derecho debe tener ser acorde a la realidad y a las normas deseadas para alcanzar el mejoramiento social, cuando ocurre lo contrario, obedecer sería ayudar a la perdición de la sociedad.

Oponerse pues, es la primera de las acciones a realizar, a este le secundaría modificar dicha ley o disposición judicial. Especificar las situaciones cuando una ley es injusta o no, es más difícil y suele ser objeto de prejuicios personales. Pero de parámetro puede servir la restricción de libertades fundamentales y constitucionales.

Dos frases sirven de nota final a este articulo, la primera proviene de un vocablo en latín: “ius quia iustum non jus quia jussum” traducido seria: “El derecho no debe ser obedecido no tanto porque está mandado y es una ley, sino porque lo que se manda es justo, porque busca el ideal de la justicia”

La segunda forma parte del Decálogo del Abogado, escrito por el jurista Eduardo J. Couture: Tu deber es luchar por el Derecho, pero el día que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha siempre por la justicia.”

[1] Diccionario Jurídico, Henry Capitant
[2] Derecho Constitucional, Tomo I, Eduardo Jorge Prats.



2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias por su comentario, y tiene razon, esto solo es el principio de tan gran dilema. Por cuestiones de espacio no me fue permitido profundizar mas. Pero es un tema muy complejo, tanto para la vida juridica como para la social.

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